APNABI analiza los estados de ansiedad en las personas con autismo

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aula-apnabiAlrededor de 200 de familias integradas en APNABI Autismo Bizkaia han tomado parte en una jornada formativa dedicada a la ansiedad. En el encuentro se han analizado las manifestaciones, los factores desencadenantes y los procedimientos de regulación emocional para abordar las intervenciones en las personas con trastornos del espectro del autismo (TEA). La jornada se ha enmarcado en el foro denominado Aula APNABI, desde el que esta asociación promueve la formación de las familias asociadas con el fin de ofrecer respuestas a las dudas e inquietudes que surgen en el cuidado y la atención de las personas con TEA.

La psicóloga Marisa Pacheco, terapeuta del Equipo Deletrea, centro de psicología y lenguaje, de Madrid, y ponente de la jornada, ha destacado en su intervención que las personas con TEA son más vulnerables a la ansiedad, fallan en el empleo de estrategias de regulación, responden de manera más intensa a estímulos con carga emocional y necesitan más tiempo para restablecer el equilibrio emocional.

Entre los factores más comunes que desencadenan la ansiedad, Marisa Pacheco ha señalado las dificultades de comunicación y del manejo de las relaciones interpersonales, el miedo al fracaso y a las críticas o un estilo cognitivo caracterizado por un pensamiento negativo.

La ponente ha destacado que la ansiedad agrava la sintomatología específica de los TEA y que los estados de desregulación emocional están en el origen de muchas conductas desadaptadas. En este mismo sentido, ha indicado que las investigaciones apuntan a que la regulación emocional es un indicador de buen pronóstico que, además, favorece la disposición para aprender e implicarse socialmente. “La regulación emocional —ha dicho— es un elemento sobre el debe pivotar la intervención en las personas con TEA”.

aula-apnabiMarisa Pacheco ha enumerado una serie de habilidades  promover en las personas con autismo para contribuir a una adecuada regulación de las emociones. Entre ellas, ha citado las relacionadas con la propia autorregulación; la resolución de conflictos; la flexibilidad cognitiva y conductual; las socio-comunicativas y las estrategias para afrontar miedos y fobias. Al mismo tiempo, ha planteado la necesidad de abordar modificaciones en los entornos físico y social, que eviten sobrecargas de estímulos y situaciones frustrantes y reduzcan incertidumbres. En la medida en que respetemos la forma de ser de la persona con TEA, estaremos creando las condiciones adecuadas para prevenir estados de desregulación emocional, ha señalado la ponente. “Antes de empezar a enseñarle habilidades cognitivas al niño, tenemos que hacer que el entorno sea soportable. Ningún niño puede aprender si está constantemente al límite. La mejor manera de ayudar a que una persona con TEA cambie a mejor —ha dicho— consiste en que nosotros cambiemos nuestras actitudes, nuestro comportamiento y el tipo de ayuda que ofrecemos”.

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